lunes, 20 de febrero de 2012

Bambi

Ayer tuve una experiencia sobrenatural.
No fue una experiencia cualquiera. Sentí que mi habitación estaba llena de gente, de mucha gente que me hace feliz pero toda esa gente estaba concentrada en una persona. Él. Cuando él se fue, mi casa se quedó como cuando una fiesta acaba: con las copas sin recoger, champán por las mesas y confeti, serpentina y purpurina por las esquinas. Todo por recoger, tantas cosas por hacer y mi cuerpo bloqueando cualquier acción que no fuera pensarle o echarle de menos.
Estoy coja. Hace dos días me hice un esguince en el pie izquierdo y creo que el derecho también me duele de ir saltando por la casa cual potrillo. Hay caramelos de menta por mi escritorio y un vaso de agua. Los caramelos de menta podrían ser las cosas que traen los invitados a las fiestas como el vino o los pasteles. ¿Sabéis esa sensación de tener Siberia en vuestra garganta cuando bebéis teniendo un caramelo de menta en la boca? Pues yo sí y es como beber agua con hielos pero sin hielos. Bueno, es una tontería, da igual.
Los carnavales quisieron dejar su marca en mí en forma de esguince y estoy triste. Así que os dejo que tengo esto sin recoger y un vacío que absorber con la aspiradora.