"De mayor seré actriz y mi mejor amiga será modelo y con el dinero que ganemos, compraremos una granja y tendremos caballos y perros grandes. Entre ellos, muchos dalmatas porque son preciiiiiosos."
Este es el dulce testimonio de mi prima de diez años a la pregunta típica "¿qué quieres ser de mayor?". Toda esa inocencia concentrada en un cuerpo tan pequeño, me conmovió. Yo ya perdí esa ingenuidad, sin quererlo realmente, cuando decidí entrar al mundo de los adultos y tomar decisiones serias por mí misma. Ahora mismo envidio esa visión del mundo tierna pues se me antoja lejana y bastante poco asequible. Ojalá mi mayor preocupación fuera elegir con qué juguete jugar o de qué sabor elegir el helado. Pero no.
He echado la vista atrás y qué miedo. El tiempo pasa rápido, los días son los galgos de una carrera, corren y corren sin mirar atrás y son cansados. Qué mal no controlar el tiempo también. Vértigo, más bien.
Hoy es martes, mañana miércoles. Y todo esto, un suspiro. El tiempo creo que no se da cuenta de que veo como se escapa entre mis dedos adornados con anillos comprados en otra ciudad, en otro momento, de un recuerdo. Lo más fuerte es que reproducimos en nuestra mente imágenes del pasado porque lo añoramos con ternura, tristeza o rabia, dependiendo del recuerdo en cuestión, y nos olvidamos de vivir el momento que a su vez, recordamos a medida que avanzan las agujas del reloj. Algo cíclico y espantoso porque es una rueda sin freno.