Qué difícil es ver la cama bonita, bien puesta, preparada si tú no estás sobre ella, la ropa de cama más preciosa del mundo. Qué difícil hacer que no pasa nada cuando te vas, cuando en realidad, estoy preocupada por sentir cómo el colchón se enfría. Yo, que siempre intento que te quedes un poquito más, sólo una eternidad, me abrazo a ti y cruzo mis piernas en tu tronco para no soltarte nunca y ser mona en el sentido más literal. Que me agarres con fuerza para que no me caiga y que me lleves como si fuera tu bebé protegiendo mis pies desnudos del suelo helado. Yo eso lo quiero para siempre. Ahora, tengo que estudiar biología y no tu cuerpo. Ahora, tengo que teclear unas teclas frías en vez de tu piel.
Qué cruel es la vida. Aun así, pronto descubriremos cómo es compartir almohada.
